Maynor López siempre quiso estudiar y progresar en la vida. Pero las duras circunstancias que enfrentó en su natal Guatemala se lo impidieron. “Mi familia era bastante pobre y no podía mandarme a la escuela”, contó el joven que creció en una zona golpeada por la pobreza, en Quetzaltenango, al noroeste de Ciudad Guatemala.

En un ambiente de marginación y discriminación, las pandillas lo sedujeron cuando era adolescente. “Allí me sentía protegido, valorado, aunque inconscientemente no me daba cuenta de lo malo”, dijo.

Antes de estar más comprometido decidió no seguir ese camino, “pero era difícil. Una vez que tú estás adentro es casi imposible salir”, expresó a El Tiempo Latino, durante una plática en septiembre.

“La única opción que yo tenía para alejarme era aislándome de todo”, recordó. Así lo hizo. Se refugió en el campo, trabajando para ayudar a su padre en el cultivo de maíz. Además, su vida corría peligro, tras que hubo un enfrentamiento de pandillas y “yo ya no tenía libertad para caminar”, recordó. “Aislarse de la sociedad por temor y sentirte preso en tu propia comunidad es algo que no le deseo a nadie”, dijo.

Esta situación, sumada a los sacrificios de sus padres para mantener a la familia, empujaron a López a soñar con venirse a Estados Unidos.

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